De aquellos tiempos estos lodos

Kenneth MacAlpin primer Rey de Escocia

0
68

Kenneth MacAlpin, primer rey de la Escocia unida, conquistó el poder valiéndose de una mezcla de lazos de sangre y habilidad diplomática. En época reciente han surgido dudas sobre si era de origen picto o procedía de Dalriada; en cualquier caso, estableció su capital en Scone, en territorio picto, hasta donde llevó la sagrada Piedra del Destino, utilizada en la coronación de los reyes escoceses.

Kenneth MacAlpin primer Rey de Escocia

Casi dos siglos más tarde, un descendiente suyo, Malcolm II [1005-1018], derrotó a los anglos de Nortumbria, capitaneados por el rey Canuto, en la batalla de Carham (1018), cerca de Roxburgh y a orillas del río Tweed. Gracias a esta victoria, Edimburgo y Lothian quedaron bajo el control de los escoceses, que extendieron sus dominios por el sur hasta el Tweed.

Con su esposa sajona Margarita, Malcolm III Canmore [1058-1093] –cuyo padre, Duncan, fue asesinado por Macbeth, tal y como se describe en la obra homónima de Shakespeare– fundó una dinastía de hábiles soberanos escoceses que implantaron nuevos sistemas de gobierno anglonormandos y levantaron monasterios.

Su hijo David I [1124-1153] importó monjes para fundar las grandes abadías fronterizas de las Borders, cuyos evocadores restos son relevantes atracciones en Melrose, Jedburgh y Dryburgh. Acrecentó su poder al adoptar el sistema feudal, que otorgaba tierras a las familias nobles normandas a cambio de apoyo militar.

Pero los clanes de las Highlands, inaccesibles en sus glens (valles), siguieron rigiéndose por sus propias leyes durante otros 600 años. Las hazañas de Rob Roy, en especial sus osadas incursiones por las Lowlands y su reputación como defensor de los pobres, simbolizaron el concepto romántico que se tenía de estos clanes salvajes. Entre los highlanders (habitantes de las tierras altas), que hablaban gaélico, y los lowlanders (habitantes de las tierras bajas), que hablaban la lengua de los escotos, se fue abriendo una brecha cultural y lingüística.

Deja un comentario