El inmenso precipicio que hay en Castle Rock, que ya comienzas a  divisar según vas llegando a Edimburgo con el tram (tramvía). Una vez comienzas la Princes St, a tú izquierda ves la razón de la existencia de Edimburgo.

Esta colina rocosa era la que brindaba mejor defensa en la ruta invasora entre Inglaterra y Escocia central. La última actividad militar en el castillo se dio en 1745. Desde entonces hasta la década de 1920 fue la principal base del ejército británico en Escocia. Hoy es una de las atracciones turísticas más pintorescas y populares de toda Escocia.

El castillo de Edimburgo ha desempeñado un papel central en la historia escocesa como residencia real (el rey Malcom II, que reinó de 1058 a 1093, y la reina Margarita hicieron de él su hogar en el s. XI) y como fortaleza militar. La última contienda militar del castillo fue en 1745; desde entonces y hasta la década de 1920 fue la base principal del Ejército británico en Escocia.

Los inquietantes riscos negros de Castle Rock, que se alzan al oeste de Princes St, constituyen la razón de la existencia de Edimburgo. Esta colina rocosa era la cumbre más fácil de defender de la ruta invasiva entre Inglaterra y el centro de Escocia; ruta que recorrieron incontables ejércitos, desde las legiones romanas de los ss. I y II hasta las tropas jacobitas de Carlos Eduardo Estuardo (Bonnie Prince Charlie) en 1745.

El pórtico de entrada, flanqueado por estatuas de Robert Bruce y William Wallace, se abre a una calle adoquinada que sube a Portcullis Gate, del s. XVI, y los cañones alineados en las baterías de Argyle y Mills Mount. Desde las almenas hay estupendas vistas de la New Town y el estuario del Forth.

Explanada del castilloExplanada del castillo

Es una plaza de armas de 1820 con vistas soberbias de la ciudad desde el sur hacia Pentland Hills. En su extremo occidental está la Entrance Gateway, puerta de 1888 flanqueada por estatuas de Roberto I de Escocia y William Wallace. Sobre la puerta luce el Estandarte Real de Escocia, un león rampante rojo sobre un campo dorado, y el lema real en latín, Nemo me impune lacessit (“Nadie me ofende impunemente”).

One O’Clock Gun

Desde la entrada, una callejuela empedrada cruza la Portcullis Gate, puerta del s. XVI coronada por la Argyle Tower, del s. XIX, pasado el cañón de las baterías de Argyle y Mills Mount. Sus almenas brindan excelentes vistas desde New Town a Firth of Forth. En la punta más alejada de la batería de Mills Mount está el One O’Clock Gun un reluciente cañón de la II Guerra Mundial que se dispara con un ruido ensordecedor todos los días a las 13.00 (salvo domingos, Navidad y Viernes Santo).

Capilla de Santa Margarita

Al sur de Mills Mount, la carretera asciende hacia la izquierda por Foog’s Gate hasta la parte más alta de Castle Rock, coronada por esta diminuta capilla, el edificio más antiguo de Edimburgo. Es una sencilla estructura románica que se cree erigió David I o Alejandro I en honor a su madre, la reina Margarita, hacia 1130. Cuando Cromwell conquistó el castillo en 1650, se usó para almacenar munición hasta que la reina Victoria ordenó su restauración. En 1934 fue de nuevo consagrada. Sus minúsculas vidrieras de colores son de la década de 1920.

Mons Meg

Justo al norte de la capilla de Santa Margarita está este colosal cañón de asedio del s. XV. Se construyó en Mons, Bélgica, en 1449, y se usó por última vez en 1681, cuando disparó unas salvas por el cumpleaños del futuro rey Jacobo VII de Escocia y II de Inglaterra, y reventó. Por debajo del muro al norte de la capilla puede verse el precioso jardincillo que fue el cementerio de mascotas de los perros de los oficiales.

Great Hall

El principal conjunto de edificios de la cima de Castle Rock se distribuye alrededor de Crown Sq, dominada por el santuario del Scottish National War Memorial. Enfrente está el Great Hall, que hizo levantar Jacobo IV [1488-1513] como salón de ceremonias y fue sede de las reuniones del Parlamento escocés hasta 1639.

Exposición Prisons of War

Las bóvedas del castillo bajo el Great Hall (entrando por el lado oeste de Crown Sq) se usaban como despensas, panaderías y cárceles. Hoy están restauradas y han recobrado el aspecto que tenían en el s. XVIII y principios del s. XIX, cuando sirvieron de prisión de los soldados capturados en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos y las guerras napoleónicas. Sus antiguas puertas de madera conservan las muescas de presos franceses y americanos.

Honours of Scotland

El Palacio Real, que se construyó en los ss. XV y XVI, alberga una serie de piezas históricas que llevan hasta la estrella indiscutible del castillo, una cámara acorazada con las Honours of Scotland (joyas de la Corona escocesa), que son las joyas de la realeza más antiguas de Europa. La corona se hizo en 1540 con el oro de la que en el s. XIV perteneció a Roberto I de Escocia, y, tras el Acta de Unión de 1707, se guardó en un cofre junto con la espada y el cetro. Allí quedaron olvidadas hasta que se sacaron a la luz a instancias del novelista sir Walter Scott en 1818. También está expuesta la Piedra del Destino.

Entre los vecinos Royal Apartments están los aposentos donde María Estuardo dio a luz a su hijo Jacobo VI, quien uniría las coronas de Inglaterra y Escocia en 1603.

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Conclusión

Necesitas toda la mañana, si realmente quieres conocer todos los entresijos de esta fortaleza, olvídate de hacer fotos porque no te van a dejar, salvo en las zonas comunes que son, las que a un fotógrafo no le interesan para nada. Cuidan mucho su negocio, la verdad es, que para el dineral que se paga, no merece la pena entrar y dejarte £20 por adulto.

Si entras en Tea Rooms at Edinburgh Castle, que es la cafetería que tienen montada en el castillo, decirte que sirven buenos almuerzos con productos frescos de Escocia, pero también te arrancarán una muela.

Te recomiendo que leas el artículo que hablo sobre las entrañas del castillo, en el que comento nuevas intrigas históricas y muestro nuevas fotos, como es el caso del famoso One O’Clock Gun con toda su secuencia.