Castillo de Edimburgo

El castillo de Edimburgo es el más disputado de Gran Bretaña, ha sido atacado veintitrés veces tanto por clanes escoceses enfrentados, como por monarcas ingleses, e incluso por dirigibles alemanes.

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A pesar del carácter majestuoso del castillo su función como casa real terminó hace más de 400 años. A pesar de poseer una defensa formidable y aposentos palaciegos. A principios del siglo XVII había dejado de estar habitado por los monarcas. En su lugar la realeza prefería hospedarse en las habitaciones tan suntuosamente decoradas del palacio de Holyrood. Al otro lado de la milla real.

De vez en cuando, los reyes que venían de visita daban audiencias en el castillo de Edimburgo, pero por lo demás esta antigua colosal fortaleza estaba ahora destinada a ser un cuartel militar.

A mediados del s.XVII Carlos II convirtió el castillo en un cuartel general militar, para albergar allí de forma permanente a un enorme ejército. En el s. XVIII, se añadieron al complejo del castillo nuevos edificios y cuarteles para hacer frente a posibles ataques de enemigos extranjeros. Como el infame dictador francés Napoleón Bonaparte.

A pesar de pasar a ser un cuartel, el castillo se convirtió en una cárcel. Los profundos sótanos se convirtieron en mazmorras. Se cree que más de mil personas pasaron por este horrendo lugar, la mayoría de ellos eran franceses porque en el s. XVIII, Gran Bretaña pasaba mucho tiempo luchando contra Francia. Pero también otros países se vieron afectados por los conflictos como España, Italia, Alemania y Estados Unidos. E incluso, algunos británicos fueron prisioneros de la guerra.

En los albores del siglo XX, la mayoría de los castillos habían dejado de utilizarse desde hacía mucho como herramientas para la guerra. Pero cuando en 1914 estalló la Primera Guerra Mundial, el castillo de Edimburgo se encontraba todavía en la línea de fuego. Esta vez la amenaza venía del cielo.

En el transcurso de esta guerra, Gran Bretaña fue por primera vez bombardeada desde el aire, en el cielo de Edimburgo aparecieron unos globos monstruosos cargados de explosivos. Se llamaban zepelines, estos dirigibles se denominaron así, por su inventor el Conde Findinand Von Zeppelin.

Antes de la guerra se destinaban al transporte de pasajeros, pero desde 1915 los alemanes los adaptaron para ataques aéreos a Gran Bretaña y desde 1916 su objetivo era Edimburgo. Imagínense lo terrible que debió haber sido, por primera vez los civiles se enfrentaban a la amenaza de un bombardeo aéreo. La guerra podía irrumpir literalmente en sus casas en cualquier momento.

La noche del domingo 2 de abril de 1916, dos zepelines alemanes llegaron al fiordo de Forth y llevaron a cabo el ataque aéreo de la historia de Escocia. Poco antes de la media noche, ya se apreciaban las consecuencias de las explosiones. En menos de una hora 24 bombas explotaron en la ciudad de Edimburgo. Murieron trece personas, veinticuatro resultaron heridas, y los edificios de los alrededores quedaron destruidos. Las bombas llovían sobre el castillo de Edimburgo. Una rebotó en el suelo hasta la puerta principal, otra calló en Grassmarket haciendo añicos las ventanas y destrozando las casas.

Pero esto fue lo máximo que consiguieron, porque este antiguo castillo construido para resistir los ataques de los trabuquetes medievales soportó con entereza el bombardeo aéreo del siglo XX.

Por suerte la función militar del castillo de Edimburgo forma ahora parte de la historia. Pero cada verano se le rinde homenaje en uno de los desfiles militares más famosos del mundo. El Military Tattoo.

Los orígenes del festival se remontan al siglo XVI, cuando desde la guarnición se enviaban tambores del último turno cada noche, para informar a los encargados de la posada local de que era hora de cerrar los grifos de cerveza y enviar a los soldados de vuelta a los cuarteles.

En la actualidad más de un millón y medio de turistas visitan cada año el castillo de Edimburgo. En su interior pueden ver también las joyas de la corona escocesas y la piedra de Scone, o piedra del destino. Una roca muy antigua sobre la que los monarcas ingleses y escoceses son coronados. A este castillo se le conoce por ser el lugar más asediado de Gran Bretaña y no es para menos, si se piensa en las veces que ha sido asaltado. Desde los soldados medievales con escaleras de cuerda, hasta los dirigibles alemanes disparando bombas.

Sin embargo yo creo, que lo que lo hace especial no es el número de veces que ha sido atacado, sino, el hecho que siempre ha salido airoso. Si, aquí sigue en la actualidad, amenazando desde su trono de roca, coronando la ciudad y disparando cada día desde el interior su cañón para recordarle al mundo que es, y siempre ha sido inquebrantable.

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