Edimburgo debe su existencia a Castle Rock, una colina de origen volcánico con una posición defensiva casi perfecta, que custodiaba la ruta costera del noreste de Inglaterra hasta el centro de Escocia.

En el s. VII, Castle Rock se llamaba Dun Eiden, que significa “fuerte en la loma”. En el año 638, invasores provinentes del reino de Northumbria, al noreste de Inglaterra, le cambiaron el nombre conservando el “Eiden” gaélico y añadiéndole burh, que en inglés antiguo significaba “fuerte”, dando lugar a Edinburgh, Edimburgo.

Aunque originalmente era un emplazamiento puramente defensivo, Edimburgo comenzó a expandirse en el s. XII cuando el rey David I reunió a su corte en el castillo y fundó la abadía de Holyrood. La corte la prefería a Dunfermline, y como el Parlamento seguía al monarca, Edimburgo se convirtió en la capital de Escocia. La primera muralla se levantó hacia 1450 y englobaban la ciudad vieja (Old Town), al este, y Grassmarket, al sur. Esta zona tan densamente poblada (entonces era la ciudad con más habitantes de Escocia) se convirtió en una especie de Manhattan medieval, al forzar a sus habitantes a construir a lo alto en lugar de a lo ancho y levantar viviendas de cinco y seis pisos de altura.

La capital tuvo un papel importante durante la Reforma (1560-1690), liderada por el agitador calvinista John Knox. María I Estuardo estableció su corte en el palacio de Holyroodhouse durante seis breves años, pero cuando su hijo Jacobo VI ascendió al trono de Inglaterra en 1603, él mismo trasladó la corte a Londres. La Ley de Unión de 1707 minimizó todavía más la importancia de Edimburgo, pero su vida cultural e intelectual siguió floreciendo.

Durante la segunda mitad del s. XVIII se planificó y construyó una nueva ciudad al otro lado del valle (la New Town), al norte del Old Town. Durante la Ilustración Escocesa (c. 1740-1830), Edimburgo era conocida como “la Atenas del norte” y en ella vivían científicos y filósofos punteros como David Hume o Adam Smith.

En el s. XIX, la población se cuadriplicó hasta los 400 000 habitantes, cifra similar a la actual, y las viviendas del Old Town fueron ocupadas por refugiados procedentes de las expulsiones de las Highlands y de las hambrunas irlandesas. Al norte de la New Town se edificó un nuevo anillo de crescents (calles curvas) y plazas, y al sur del Old Town se extendieron grises casas adosadas victorianas.

En la década de 1920, los límites urbanos volvieron a ampliarse para incluir Leith, al norte; Cramond, al este; y los montes Pentland, al sur. Tras la II Guerra Mundial, la vida cultural renació, estimulada por el Festival de Edimburgo y por el Fringe, ambos celebrados por primera vez en 1947 y reconocidos hoy como festivales artísticos de primera línea.

Edimburgo entró en una nueva era tras el referéndum de 1997 a favor de la ‘devolución’ del Parlamento escocés, convocado por primera vez en un polémico edificio moderno al pie de la Royal Mile. En el referendúm por la independencia del 2014, los escoceses decidieron no separarse del Reino Unido.