A medida que Edimburgo se expandía a finales del s. XVIII y principios del s. XIX, muchos de los antiguos edificios de viviendas iban siendo demolidos y se tendían nuevos puentes para conectar el Old Town con las zonas recién construidas al norte y al sur. South Bridge (construido entre 1785 y 1788) y George IV Bridge (entre 1829 y 1834) van hacia el sur desde la Royal Mile, cruzando el profundo valle de Cowgate, pero se han levantado tantos edificios a su alrededor que apenas se distinguen: George IV Bridge tiene un total de nueve arcos, pero solo dos de ellos son visibles; y South Bridge tiene 18 arcos ocultos.

Estos arcos subterráneos se usaban originalmente como almacenes, talleres o tabernas, pero a medida que la población de Edimburgo iba creciendo en el s. XIX con la afluencia de los habitantes de las Highlands expulsados de sus tierras y de los refugiados irlandeses que huían de la hambruna de la patata, aquellas cámaras oscuras y húmedas se convirtieron en míseros alojamientos abandonados a la pobreza, la inmundicia y el crimen.

Se vaciaron a finales del s. XIX y quedaron olvidadas hasta 1994, cuando las bóvedas de South Bridge se abrieron a circuitos guiados. Se dice que algunas cámaras están encantadas y que una de ellas fue objeto de investigación en el 2001 por un equipo de expertos en fenómenos paranormales.

No obstante, el aspecto más macabro de la historia oculta de Edimburgo data de mucho tiempo atrás; de la plaga que asoló la ciudad en 1645. Según la leyenda, a los apestados de Mary King’s Close (una calle del flanco norte de la Royal Mile, donde están las City Chambers; aún puede verse su extremo norte bloqueado desde Cockburn St) les tapiaron las casas con ellos dentro, dejándoles morir. Cuando finalmente se retiraron los cuerpos, estaban tan rígidos que los obreros tuvieron que cortarles las extremidades para poderlos sacar por las estrechas puertas y bajarlos por las escaleras.

Cuentan que, desde entonces, el close está encantado por los espíritus de las víctimas de aquella plaga. Las pocas personas que se atrevían a vivir allí hablaban de apariciones de cabezas y extremidades cortadas, y así la calleja quedó desierta y sus edificios cayeron en la ruina. Cuando se construyó la Bolsa (actualmente City Chambers) entre 1753 y 1761, se asentó sobre los niveles inferiores de Mary King’s Close, quedando el pasaje intacto y sellado bajo el nuevo edificio.

El interés por el close despertó en el s. XX, cuando el Ayuntamiento de Edimburgo comenzó a autorizar los primeros circuitos guiados. Los visitantes aseguran haber vivido experiencias sobrenaturales; el fantasma más famoso es Sarah, una niña cuya triste historia hace que la gente le deje regalos en la esquina de una de las salas. En el 2003 quedó abierto al público como Real Mary King’s Close.