Dentro del folklore escocés, las criaturas consideradas mágicas, como las hadas, componen un auténtico universo en el que hay decenas de clasificaciones, según el tipo de criatura de la que hablemos, su forma, su interacción con el mundo mortal o su propia procedencia, ya que una misma criatura puede tener varios nombres, según el lugar de Escocia en el que nos encontremos. El caso de los gruagachs no es muy distino, ya que es complicado diferenciar a estas criaturas de otras como los brownies o los glaistigs.

Se trata, en su  mayor parte, de mujeres pequeñas, con largo pelo dorado, de piel grisácea y vestido verde, que se encargan de ayudar a algunas tareas en las granjas y casas de campo, especialmente la de cuidar el ganado. De esta forma, las gruagachs se parecen bastante a los brownies, en el sentido de que pueden ser considerados como seres “domesticables, que ayudan a los humanos en diferentes tareas, aunque no suelen ser vistos. La forma de atraerlas, o más bien, de contentarlas y agradecerles su trabajo, es dejando un poco de leche sobre una piedra cercana a la propia casa.

A veces, la familia que quiere seguir contando con los útiles servicios de estas criaturas les ofrecen cubos de leche fresca, recién ordeñada, que dejan en la misma piedra donde se supone que se coloca la gruagach para cuidad al ganado de los peligros. Si la ofrenda de leche no era puesta en su lugar, esa misma noche la criatura provocaría destrozos, e incluso podría llegar a herir al ganado, volviéndose realmente violenta. Como a otras criaturas que ya hemos visto, lo mejor es mantenerla bien contenta.

La creencia en las gruagachs se extiende por todas las Tierras Altas, territorios en los que todavía quedan muchas de estas granjas y casas de labranza. Desde las Hébridas interiores hasta las Orcadas, las creencias en estos seres han llegado a nuestros días. En algunos lugares han sufrido alteraciones, como por ejemplo, la función de “salvadoras” que las gruagachs tienen en la Isla de Arran, donde supuestamente habitan en cuevas cercanas a la costa, y avisan a los marineros de que están muy cerca de tierra con un dulce canto. En otros lugares, como en Skye, la figura femenina se convierte en un hombre alto vestido con ropajes elegantes, que realiza la misma función de cuidar al ganado.

Incluso existen historias de graugachs que han convivido con nobles en sus castillos, como en Skipness, donde ayudaban con las tareas del hogar. Las pocas personas que las habrían visto, las que han podido dar su descripción, aseguran que siempre van con una pequeña varita de color rojo, que utilizan tanto para mágicos propósitos como para arma de defensa en caso de que alguien no las tenga en consideración o desprecie su trabajo.