Kelvingrove Art Gallery

altos techos del salón central, ornadas lámparas y un órgano

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Sus fondos incluyen más de un millón de objetos, al Kelvingrove Art Gallery se entra por cualquiera de sus costados y, antes de nada, se admira el interior del edificio, con los altos techos del salón central, ornadas lámparas y un órgano (recitales a las 13.00).

El museo se divide en dos alas, una enfocada en la vida (historia, arqueología e historia natural) y la otra, en la expresión (arte). Se recomienda seguir el itinerario propuesto (3 h) para descubrir sus principales reclamos.

1ª planta

Se empieza por el arte, arriba, en el atrio con las cabezas colgadas. La sala holandesa contiene la magistral Hombre con armadura, de Rembrandt, ejecutada con técnicas de claroscuro que aprendió de Caravaggio. Púlsese la pantalla interactiva y decídase a quién se cree que representa el cuadro.

A continuación, la sala francesa, cuenta con un excepcional retrato pintado por Renoir de su alumna Valentine Fray, y otro de un Van Gogh principiante que muestra a su compañero de casa escocés, Alexander Reid. Cerca, la Vétheuil de Monet ofrece un prototipo de la pintura impresionista y la campiña francesa, que contrasta con el menos etéreo paisaje de Cézanne, al lado. El famoso El muelle de Trouville-Deauville, de Dufy, también se exhibe en esta sala, al igual que las obras de muchos otros maestros.

La sala consagrada a los paisajistas escoceses posee varios lienzos impresionantes de estampas de las Highlands. Ante Glen Massan, de Gustave Doré, casi puede sentirse la llovizna y el olor a brezo. La noche del sábado del campesino, de David Wilkie, está basada en el poema homónimo de Robert Burns, que puede escucharse simultáneamente.

La atracción estelar de la colección se encuentra en el atrio central. Inspirado en sueños, el Cristo de San Juan de la Cruz, de Salvador Dalí, posiblemente sea la pintura más valiosa, una obra de una intensidad abrumadora; en ella se representa a un vigoroso Jesús de forma humana que mira hacia abajo desde un cielo oscuro, en dirección a una sencilla barca de pescadores en Galilea (o, en este caso, Cataluña). Conviene dedicarle un buen rato.

Planta baja

Aunque el Art Discovery Centre está orientado a niños, es digno de recorrerse antes de enfilar hacia la gran sala dedicada a los Glasgow Boys. Inspirados en Whistler, estos artistas rompieron con el romanticismo para iniciar un estilo más moderno. Compárense la equilibrada Estación de Stirling, de William Kennedy, o el realismo de Funeral en las Highlands, de James Guthrie, con los neblinosos paisajes escoceses expuestos arriba. Otras obras también destacadas son el famoso retrato teatral de Anna Pavlova firmado por John Lavery y la muy reproducida Llegada de la primavera, de E. A. Hornel.

Después de la pintura, toca descubrir el resto. Interesantes son las salas centradas en los interiores y diseños art déco y en el estilo de Glasgow. Mackintosh dijo de su esposa “Margaret es un genio, yo solo tengo talento”, y aquí puede contemplarse una buena muestra de su trabajo, así como del de su hermana, Frances Macdonald.

La otra ala del museo, presidida por un avión Spitfire colgado, posee dos plantas de salas que incluyen asombrosas piedras labradas prehistóricas y vikingas, objetos funerarios egipcios y otros hallazgos arquitectónicos. Armaduras ingeniosamente dispuestas complementan una exposición sobre las consecuencias de la guerra para el hombre, unida a excepcionales muestras de historia social. Los animales embalsamados de la planta baja evocan el pasado victoriano del museo. No hay que perderse el elaborado planetario de mesa de John Fulton, un modelo operativo del sistema solar, cerca del muy querido elefante (llamado “sir Roger”).

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